Esa noche sintió una gran necesidad por
escribir, era tarde, el cansancio recorría su humanidad. Y es que había
encontrado el lugar perfecto para escribir, no encontró la silla perfecta por
lo que al final no fue tan cómodo como imagino que seria. Acarreo su pequeña
maquina y se dispuso a teclear, pero hacia falta algo.
Busco un encendedor como loco por toda la casa,
en su cuarto, en la cocina, ¿Cómo demonios encendían la estufa? fue la
pregunta que mas le molestaba. Hizo una nota mental: "comprar un
encendedor", nunca había recordado ninguna de aquellas notas mentales que
tan a menudo hacia.Era un pésimo fumador, por que cuantos fumadores
sin encendedor hay?, un vicio que pronto dejaría, una y otra vez. Por que todo mundo sabe que un fumador nunca
deja el habito, siempre hay un cigarro en los momentos mas tristes y en los más
difíciles también. Cosas que a menudo no son mutuamente excluyentes.
Por fin encontró una vieja caja con cerillos, en
una pequeña bolsa tejida de estambre cerca de la estufa, el misterio
estaba resuelto.
Se acomodo en aquella incomoda silla, incomoda
por que la altura no era la adecuada, por que los recuerdos le estorbaban, le comían poco a poco el sueño, pero vencían la incomodidad
misma del lugar. Quizá esa era la necesidad que tenia por
escribir de desahogar todo lo que le carcomia por dentro.
Encendió un cigarro, el sonido del tabaco y los
cientos de químicos que contenía quemándose contrastaban con el silencio que
ocupaba el espacio. Aspiro el humo del primer cigarro de la noche,
el primero de muchos, y empezó a escribir en su mente, era el método que usaba usar
todos aquellos momentos de aburrimiento y ocio para escribir por partes su siguiente
pequeña historia. No dejaba de pensar en ella, en donde se encontraría. Era el
pensamiento favorito de su subconsciente. Pensamiento que muy a menudo escapa de la cárcel
en la que lo había encerrado, que le obligaba a escribir un mensaje de vez en
vez terminando cada mensaje con una instrucción que
a menudo era obedecida al pie de la letra.
Ignórame por favor, instrucción que, no daba
para que fuera seguida si no ignorada, ironías que a veces pensaba le darían alguna
pista sobre lo que ella sentía, nunca fue así, que lo hacia sentir como
escribiendo al aire, como uno de los tantos tuits que dedicaba como indirectas
que sabia que nunca serian leídos por ella. Letras al viento era el único
pretexto poético que se inventaba para continuar con una tradición sin sentido.
Pronto sintió el cansancio alejarse, junto a los
pensamientos que esperaba invadieran la mente de esa persona. Termino su primer cigarro, y encendió el
siguiente, sabia que tenia que escribir todo aquello que los mensajes no
expresaban, aquellos mensajes que eran tan oportunos e inoportunos al mismo
tiempo, aun tenían esa sincronización para extrañarse en el momento justo.Miro la pantalla y la pagina en blanco le pedía
a gritos un titulo.
Nunca había pensado en uno.
Había escrito una novela en su mente, pero ningún
titulo le hacia honor a aquella historia que se desvanecía en el tiempo, por contársela
tantas veces a si mismo.
Fragmentos de la historia mas increíble que jamás
será contada, por que le faltaban las palabras y le sobraban los pensamientos, era
escritor por afición y necesidad, no por decisión. Le faltaba la madera de escritor, los usos
correctos de las reglas ortográficas pero le sobraban los sentimientos.
No pudo escoger un titulo, le costo dos cigarros
mas darse cuenta de ello. Sin titulo, era el titulo correcto para aquella
historia sin final. Consiguió el prologo de la historia, en su
mente, pero no podía pintar nada en aquel lienzo en blanco. Divago a través de
los subsecuentes cigarros el por que su mente no podía dejar de pensarla,
tantas veces soñó con ella antes de tenerla, y tantas veces mas después de perderla,
por que mientras fueron uno del otro la realidad era un sueño por si solo.
Miro su celular, quizá estaba en silencio y había
recibido alguno mientras añoraba el tiempo juntos, como regularmente pasaba, era
algún tipo de residuo de vidas anteriores en las que estuvieron destinados a
estar juntos, la sincronización de pensarse y extrañarse al mismo tiempo, así
lo confirmaba, pero quizá el destino había decidido que ya no debían estar
juntos, no en esta vida.
Quizá solo era que la pensaba tanto que
cualquier mensaje o llamada le hacían pensar de forma tan profética , quizá
solo lo había estropeado todo mientras estuvieron juntos, quizá el destino no existía
si no para justificar sus errores.
Encendió el ultimo cigarro sin darse cuenta y
reviso los mensajes mas recientes, los que habían sobrevivido al sentimiento de
borrar todo, sobrevivientes con cuartel de la guerra que se generaba entre su
conciencia que trataba de no pensar en ella a cada minuto del día y su subcontinente
imaginando en cada lugar al que iba y que creaba discusiones que ella aun
ganaba.
Trataba de encontrar un mensaje escondido entre líneas,
pero era inútil jamás lo encontraría, por que su frustración destruía cada
esperanza que encontraba en ellos.
Trato de encender otro cigarro, pero se cayo en
cuenta que ya no había mas, quizá debía hacer una nota mental mas para comprar una
cajetilla de repuesto para las noches como esa, también cayo en cuenta que la
nostalgia y el cansancio había aparecido una vez mas para eliminar sus ganas de
desahogarse en el teclado.
Quizá al final solo tenia ganas de pensar en
ella y fumar un cigarro más.
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